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TU PAZ NO SE NEGOCIA: Liderazgo femenino para cerrar el año con dignidad y amor propio.

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Hay algo que siempre les recuerdo a las mujeres que trabajan conmigo y que también me lo recuerdo a mí misma en cada temporada de fiestas. La familia no es responsabilidad de una sola persona. La familia es un equipo y aunque muchas veces nos colocan a nosotras en el rol de líderes del hogar, eso no significa que tengamos que cargar con todo. Ser líder no es sacrificarte ni desaparecerte. Ser líder es cuidarte, poner límites, comunicar con claridad y mantenerte firme en lo que quieres para tu vida.

En estas fechas siempre veo cómo las familias se tensan. Llegan las posadas, las reuniones, las cenas y todo lo que debería ser un espacio de unión termina convirtiéndose en una competencia de egos, reproches guardados y discusiones que nadie necesita. A veces tú llegas con toda la buena intención y de repente esa energía se contamina. Aquí es donde quiero que prestes atención. Tu enfoque es tuyo y no te lo puede quitar nadie. Tu paz interior no es negociable. Si tú estás clara en quién eres y cómo quieres vivir estas fiestas, entonces ninguna pelea ajena va a arruinar tu espíritu.

También quiero hablar de algo que veo año tras año. Muchas mujeres viven esta temporada sintiéndose solas. En medio de luces, fiestas y abrazos ajenos aparece ese frío emocional que te hace buscar refugio en un lugar que sabes que no te conviene. Es cuando regresas con el ex que te hizo pedazos solo para dormir acompañada. Es cuando aceptas la mínima atención de alguien que no te merece solo porque el invierno se siente más duro. Yo lo entiendo, lo he visto tantas veces. Existe un fenómeno emocional muy real en estos días que empuja a buscar apapacho, y cuando el corazón está vulnerable cualquier presencia parece suficiente.

Quiero que escuches esto sin juicio, sin culpa y con muchísimo amor. La felicidad no te la va a dar nadie si tú no la construyes desde adentro. La compañía que necesitas en estos días empieza contigo misma. Si estás sola estas fechas no significa que estés incompleta. Significa que estás a cargo de ti y que tienes la oportunidad de elevar tu autoestima, de recordarte tu valor y de actuar como la líder de tu vida.

No necesitas aceptar migajas por miedo a sentir frío. No necesitas volver a lugares donde solo te rompieron. Necesitas enfocarte en ti, en lo que te hace bien, en lo que quieres lograr, en la mujer que estás construyendo. Las fiestas pasan, pero tu dignidad se queda contigo. Que esta temporada sea una prueba de tu fuerza y no un pretexto para traicionarte. Tú eres tu mejor hogar y cuando entiendes eso ya nadie puede desestabilizar tu paz.

By: Adriana Gallardo

https://www.instagram.com/adrianagallardo

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¿Cómo saber si es una mujer adulta decidiendo o su apego evitativo en proceso?

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El famoso apego evitativo: hablando con amigas, un par de ellas me decían que eso debe tener la gente que como yo, no “quiere” voluntariamente un vínculo afectivo con etiqueta (relaciones si tengo).

Hay una confusión cómoda que a mucha gente le encanta porque les ahorra terapia y responsabilidad. Llamar libertad a lo que en realidad es miedo. Decir diversidad cuando lo que hay es pánico a quedarse. Vestir de sofisticación emocional una incapacidad profunda para sostener un vínculo cuando deja de ser juego y empieza a ser espejo. Y reitero, mis relaciones siempre son largas, sin peleas y ultra amorosas.

El apego evitativo no es glamour, no es misterio, no es elegancia emocional.
Es huida.
Es alguien que se enamora justo hasta el punto donde tendría que mostrarse humano. Después de eso se evapora, se distrae, se ocupa, se vuelve racional, se pone interesante… y se va. No porque no sienta, sino porque siente demasiado y no sabe qué hacer con eso. La rifa del tigre…

Disfrutar conocer personas es otra cosa. Es curiosidad genuina. Es deseo sin ansiedad para poder decir me gustas sin sentir que te arrancan un órgano o que te secuestran! Es elegir quedarte o irte sin que ninguna opción te quite el sueño. Es entender que la libertad no se defiende atacando la intimidad, sino sabiendo que puedes entrar y salir sin perderte.

Una persona que disfruta la diversidad no corre cuando hay conexión. La observa, la prueba, la disfruta y decide. No necesita sabotear nada para sentirse a salvo. No convierte cada cita en un casting (chance poquito si a veces), ni cada emoción en una amenaza. Puede reírse, vincularse, despedirse y seguir completa. No desaparece, ni castiga.

No confunde desapego con madurez emocional.

El evitativo en cambio siempre tiene una historia impecable para justificar su distancia. Que si el amor es una construcción social. Que si la libertad es lo más importante. Traducción simultánea tengo miedo de que me vean. Miedo de depender, de necesitar, de quedarme y que me duela.

La diferencia es brutal y se nota en el cuerpo. La libertad se siente ligera. El apego evitativo se siente tenso. La libertad no necesita explicar nada. El evitativo da discursos. La libertad no huye del silencio compartido. El evitativo lo llena de ruido o se va.

Las relaciones maduras no asfixian. Tampoco exigen desaparecer para existir. Son elecciones conscientes entre adultos que saben quiénes son. Que no usan a las personas como anestesia ni como escudos. Que pueden amar sin perder autonomía y soltar sin convertirlo en guerra fría.

Así que no. No todo el mundo que disfruta conocer gente tiene apego evitativo. Pero casi todo evitativo se esconde detrás de la palabra libertad. Y la diferencia es simple. La libertad te conecta contigo. El apego evitativo te mantiene a salvo de sentir. Y eso no es fortaleza. Es miedo … con el peor marketing.
Tal vez por eso, en la diversidad , puede resultar ultra atractiva!

Just saying…

By: Kary Fernández

https://www.instagram.com/karypher

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TU MARCA PERSONAL ES TU NUEVO PITCH DECK

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Hoy, conversando con unos amigos, platicábamos sobre la importancia de que tu nombre se convierta en un referente. No de moda pasajera, ni de simple reconocimiento, sino de dar soluciones reales. Al final, más allá de un CV o de un deck de inversión, tu nombre es tu carta de presentación.

Y aquí quiero lanzar una premisa clara: cuando tu nombre se vuelve una solución, has ganado.

Construir una marca personal no es simplemente cuidar tu feed de Instagram o tener un logo con iniciales estilizadas; es diseñar de manera consciente tu narrativa visual, comunicacional y cultural. Porque el branding personal —bien trabajado— es una estrategia empresarial.

La cultura como llave de acceso

Hay un factor poco hablado pero muy real: el ser culto y desarrollar un gusto genuino por el arte, la literatura, la arquitectura o la alta gastronomía te acerca a ciertos círculos que no se abren con tarjetas de presentación, sino con conversación. Y ojo: no se trata de forzar una pose cultural, sino de amar alguna de las artes y profundizar en ellapara después tener la capacidad de poner un tema sobre la mesa. Eso es lo que te vuelve interesante: ser capaz de hablar más allá de la serie de Netflix en turno.

Un directivo que entiende de arte contemporáneo, un creativo que reconoce la historia detrás de un vino o un emprendedor que puede platicar de arquitectura mexicana moderna, se vuelve un perfil mucho más atractivo. Esa mezcla comunica profundidad, aspiración y capacidad de diálogo con élites empresariales y culturales.

Pensar día con día en tu posicionamiento

Hacer branding personal es también un ejercicio de disciplina diaria:

  • Pensar cómo posicionarte, pero al mismo tiempo cómo ser mejor en tu nicho.
  • Estudiar y nutrirte de referentes.
  • Hacer alianzas que convienen y abren puertas.
  • Aprender a escuchar a quienes ya están en los círculos a los que aspiras.

El error más común es pensar que basta con “ser bueno” en lo que haces. La realidad es que, en un mercado saturado, no gana el que solo sabe hacer, gana el que sabe comunicar lo que hace.

Estrategia, no improvisación

Si un pitch deck busca enamorar a inversionistas con cifras, proyecciones y visión, tu marca personal debe hacer lo mismo: inspirar confianza, proyectar autoridad y generar deseo de colaborar contigo. Tu manera de vestir, hablar, escribir y hasta moverte en un evento son piezas de un rompecabezas que grita estrategia o improvisación.

Los referentes que marcan el pulso

Hoy conozco perfiles que han hecho de su nombre un verdadero activo empresarial. Son quienes logran convocar a cientos en un evento, abrir oportunidades de negocio, dar visibilidad a proyectos o incluso salvar reputaciones con una sola aparición. Ellos son la prueba viva de que una marca personal sólida es mucho más que ego; es influencia, estrategia y resultado.

En la era de la sobreexposición digital, el branding personal no es opcional; es la diferencia entre ser uno más en LinkedIn o convertirse en un referente.

Al final, cuando alguien diga tu nombre y la respuesta automática sea: “esa persona es la solución”, habrás entendido que tu marca personal no es un accesorio, sino tu mejor estrategia empresarial.

By: Edgar Cleto

https://www.instagram.com/eddcleto/

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LA SOLEDAD COMO PRIVILEGIO

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Hay una verdad ultra incómoda que muchos no quieren aceptar y que a mí me ha costado años decir sin pena y sin explicación: a mis cincuenta yo ya no quiero/necesito novio. No es por amargura ni por traumas ni por esa teoría absurda de que a cierta edad nos volvemos difíciles. No. Es porque yo ya entendí la vida con una claridad inmisericorde. Ya vi suficiente. Ya pagué lo que costaba aprender. Ya me rompí y me reconstruí las veces necesarias. Y entre todas esas lecciones contundentes descubrí que eso que el mundo romantiza como tener pareja casi nunca vale el desgaste, el ruido, la concesión ni el eterno acto administrativo de estar explicando lo que debería ser evidente.

A mis cincuenta ya no me engaño con cuentos de hadas, ni con hombres que creen que vienen a salvarme, completarme o elevarme. Eso se lo dejo a las de veinte y a las de treinta que todavía creen que el romance funciona como terapia de grupo. Yo ya me salvo sola, me completo sola y me elevo sola. Y si aparece un hombre que pretende adjudicarse el mérito de mi equilibrio lo miro como se mira una silla coja: quizá sirve para algo pero demasiado riesgosa para apoyarme de verdad. Como dice Adriana Gallardo: el que no suma … resta ! Y el que resta … apesta! 

Tampoco quiero novio porque la paz se me volvió un tesoro privado que protejo con uñas impecables, dientes grandes y criterio definido por décadas. Cuando tenía treinta negociaba mi tranquilidad emocional por un beso intenso, una aventura prometedora o una relación con potencial. Pero la vida enseña a golpes que la paz es más valiosa que los fuegos artificiales. Y un novio, por más encantador que parezca al inicio, porque escoba nueva barre bien, puede convertirse en un huracán que arrasa con lo que tanto costó construir. A los cincuenta no arriesgo mi estabilidad por un capricho emocional ni por un hombre que no sabe si quiere, puede o merece. Tanto análisis les da parálisis … es así ! 

También descubrí que la independencia es un placer sofisticado. A esta edad sé lo que quiero comer, dónde quiero viajar, cuánto quiero gastar y con quién quiero compartir mis silencios. Tener novio significa coordinar agendas, explicar decisiones, ajustar planes y considerar que la otra persona también existe con toda su carga emocional, sus inseguridades y sus expectativas. Y sinceramente yo ya administré suficientes seres humanos como para agregar otra carpeta de trabajo romántico a mi lista.

Pero lo que más pesa es que a esta edad yo ya no tolero estupideces. No tengo paciencia para celos, manipulaciones emocionales, juegos infantiles ni hombres que se ofenden si no contesto a los dos minutos. Tampoco tolero explicaciones innecesarias, inseguridades disfrazadas de control, promesas vacías ni demostraciones de afecto cargadas de condiciones. Por eso prefiero la claridad sobre el caos y la honestidad sobre el teatro. Ya no estoy para educar, corregir ni rescatar a nadie.

Y sí, mi filtro ya es microscópico. Yo no acepto cualquier cosa con tal de no estar sola. La soledad dejó de ser amenaza para convertirse en privilegio. Tengo vida, amistades, proyectos, carrera, dinero propio, gustos definidos y el enorme placer de no necesitar permiso para existir, para ser YO. Así que si un hombre quiere entrar en mi vida tiene que venir con un nivel de calidad emocional que casi nadie trae de fábrica. Si no lo trae simplemente no pasa.

También cambió mi manera de entender el amor. Ya no busco pareja solo por tener a alguien allí. Busco compañía que no estorbe. No quiero mariposas en el estómago, quiero coherencia a mi lado. No quiero adrenalina, quiero lealtad. No quiero conquistas de cartón, quiero presencia real. El problema es que muchos hombres siguen creyendo que pueden impresionar a una mujer de mi edad con tácticas de adolescencia tardía. Y yo ya vi todo. Nada me sorprende. Todo me aburre si no está sostenido por autenticidad. Y ser auténtico requiere una identidad que muchos nunca han construido. Ni construirán! 

Mi relación con el tiempo también cambió. Mi tiempo es sagrado. Sé lo que vale una tarde en paz. Sé lo caro que es interrumpir un proyecto por atender una crisis emocional ajena. Sé el costo energético de regalar atención a quien no la merece. Y como ya no me sobra vida para desperdiciarla elijo con bisturí… kosher!

 Antes daba oportunidades por educación. Ahora no. La oportunidad la tienen solo quienes representan un beneficio real y no un desgaste disfrazado de cariño o atracción.

No voy a negar algo que a muchos les incomoda. Disfruto profundamente mi libertad. Me gusta dormir sola cuando quiero. Me gusta tener mi espacio sin invasiones. Me gusta decidir sin consultar. Me gusta que mi vida dependa de mí. Y un novio aunque sea maravilloso inevitablemente implica una cesión de autonomía. No es malo. Es la lógica del vínculo. Pero yo ya no estoy dispuesta a pagar ese precio si no hay un retorno enorme que lo justifique.

La verdad es simple. A mis cincuenta yo ya entendí que mi plenitud no depende de absolutamente nadie. Un novio dejó de ser necesidad para convertirse en opción. Y solo es opción si dignifica, acompaña, respeta y aporta. Si no es así no vale mi tiempo ni mi espacio.

En este sentido amig@s, yo ya no quiero novio porque ya me quiero a mí sin descuentos. Y quien no iguale mi calidad emocional simplemente no entra, porque no cabe! 

Just saying…

https://www.instagram.com/karypher/

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